Por eso, carpe diem y no te pierdas nunca. No pierdas tu esencia. Recuerda quién eres.
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martes, 28 de mayo de 2013
Recuerdos·
Recuerdos. Esas imágenes que cruzan por tu mente cuando estás en un lugar concreto, en un momento concreto, cuando escuchas una palabra precisa. Cuando te cruzas con alguien que en su momento lo fue todo y ahora lo miras y no te imaginas como pudo ser algo para ti. No entiendes como, ni cuando pasó, ni porque, pero todo cambió. Tú, la otra persona, los dos, vuestro alrededor. Y miras tu vida de ahora, la presente, y ha cambiado tanto respecto a la semana pasada, al mes pasado, al año pasado, que te entra vértigo. Esa especie de mareo momentáneo. Esa especie de desequilibrio. Como cuando miras al cielo en verano y ves tantas estrellas, cuando miras hacia abajo en un precipicio o cuando despega un avión. Esa especie de temor, de sorpresa, de confusión. Y sí, la palabra es confusión porque tu pareces el mismo. La misma. La misma persona que se cepillaba los dientes todas las mañanas y le sonreía al espejo. La misma persona que una y otra vez lloró. La misma persona que una y otra vez tiró la ropa de su armario o saltó sobre su cama. La misma persona que esperaba el verano con ansias y se jodía con los inviernos. La misma persona. La misma persona siempre. Y al final cada vez que haces algo es distinto. Todo es distinto, diferente. Cambias. Una y otra vez. Pero tu esencia sigue siendo la misma. Sigues siendo la misma persona, el mismo nombre, los mismos apellidos y la misma manera de sonreír al espejo todas las mañanas. Pero las cosas cambian y tú y tu forma de verlas acabáis cambiando con ellas. Siempre pensé que de ahí es de dónde viene el famoso carpe diem. El vive el momento. Porque si no lo vives, sabes que nunca volverá a repetirse. Nunca.
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