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viernes, 29 de marzo de 2013

Verano.

Cierro los ojos y casi puedo sentirlo. Mi bikini favorito, de un hermoso tono rojo, acariciando mi piel y dejando una marca oscura sobre la hamaca azul, típica de los hoteles, en la que estoy tumbada. Siento los gritos de niños en la piscina, gente hablando, personas moviéndose a mi alrededor. Aprecio el tacto suave de la contraportada de un libro contra mis piernas. Sé, con los ojos cerrados todavía, que llevo un moño en lo alto de la cabeza recogiendo mi melena castaña y que mis gafas de sol de estilo aviador pero con el puente de la nariz más ancho  de lo normal descansan sobre la parte superior de mi cabeza. Siento el sol incidiendo de lleno sobre mis piernas, donde no me protege la sombrilla que hay a mi lado, del mismo tono azul.  Mis  pantalones vaqueros y mi camiseta corta  están colgados sobre el respaldo de mi tumbona. Tengo la certeza de que mi móvil y la llave de la habitación del hotel están en en la mesita blanca que hay a mi lado, junto a un bote de crema solar a medio acabar que compre en la tienda que hay en la playa, la playa que está a tres minutos caminando y que podría oír si no fuera por los constantes chillidos de niño pequeño que se oyen por allí y la continua charla de dos chicas detrás mía. Pero, cuando abro los ojos, la realidad es distinta. Estoy sentada en una silla normal. Con los brazos extendidos sobre la mesa. Miro instintivamente a mi derecha. Fuera llueve. Llevo una sencilla chaqueta de primavera y unos vaqueros. El calendario desgrana los últimos días de abril y son las 12 del mediodía, según el reloj que cuelga sobre la mesa en la que un aburrido profesor imparte su lección. Decidida, y con una sonrisa en el rostro, vuelvo a cerrar los ojos. Después de todo, soñar es gratis y el recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. 

domingo, 24 de marzo de 2013

---Ella.

Ella. Ella. Ojos grandes y marrones. De ese tono que siempre lo enamoró. De una estatura normal, sin destacar. Labios tal vez demasiado rojos incluso sin pintalabios. Su melena castaña siempre fue objeto de esas miradas de envidia que todos conocemos. Quería de verdad a poca gente. Pero cuando quería, quería al máximo, hasta que sus terminaciones nerviosas dejaran de sentir. No le gustaba el amor. Arrugaba la nariz ante semejantes temas y dejaba de hablar. No creer en el amor se había convertido en parte de su día a día. No merecía la pena. Ella sabía que los para siempre no existían. Lo tenía muy asumido. Sabía que no podía confiar ni en su propia sombra y que podían jugártela en el momento menos oportuno.Que las puñaladas por la espalda duelen y no poco. Odiaba a los chulitos con moto, y también a los que iban de buenos. Al fin y al cabo, ninguno de ellos quería más que un poco de diversión y una anécdota que contar luego a los gilipollas de sus amigos. Más o menos tan gilipollas como él. Vivía la vida al máximo. Al límite. Vivía el momento.No le interesaba lo que los demás pensaran de ella. Que dijeran lo que quisieran. Tenía claro que los perdería de vista en algún momento, que las cosas pasan. Como las oportunidades. Por eso, poco a poco, cogió el ritmo de la vida y tranquilamente, bailó con él. Por que la felicidad en estado puro existe cuando de verdad crees que la sientes.

martes, 19 de marzo de 2013

Aprender. Pero aprender de verdad.

Cuando eres pequeño te enseñan a hablar, a caminar. Te enseñan los colores, los primeros números. Vas creciendo y aprendes algo más. Las letras. Luego a leer. A escribir. Los números decimales. Dividir, la proporcionalidad. Ciencias, letras.
Llegas a un punto en el que te encuentras estudiando la estructura sintáctica de las oraciones y toda la tabla periódica, pero no sabes pensar. Que sabes las declinaciones del latín y todo lo referente al ácido acetilsalicílico, pero no sabes lo que es la vida. Pero ella misma hace de profesora particular. Te da las lecciones. Poco a poco o todas de golpe. La decisión es suya. Y más te vale aprender de que va el tema a la primera, porque te lo repetirá las veces que haga falta. Puede que precises la segunda, pero más no. No tropieces una tercera vez con la misma piedra. No confíes en nadie de buenas a primeras. Es más, nunca confíes en nadie. Sólo si lo quieres de forma incondicional. Porque querer a alguien no es más que darle el poder de destruirte, a sabiendas de que no lo hará. Pero las cosas cambian, y nuestra forma de verlas también. Por eso, deja que la vida se encargue de ti. Toma tus propias decisiones, sé libre, sé honesto, sé amable. Sé inteligente. Piensa. Cuando tengas que tomar una decisión, medita. Las buenas decisiones suelen tener unas consecuencias negativas inmediatas pero que a la larga fructifican y se convierten en cosas positivas. Las malas decisiones, al revés. Piensa. Deja que la vida te guíe. Porque lo hará. Por eso, cierra los ojos y lleva el ritmo de la vida en silencio. Sabes cuales van a ser tus decisiones ¿Qué se ríen de ti?  Mañana te reirás de ellos. ¿Qué van contra ti? ¿Y qué? Mañana podrás atacarles. ¿Qué se creen más que tú? Algún día tú serás más que ellos. Sal ahí y vive. En el momento de tu muerte has de darte cuenta de que llevas toda una vida viviendo.

sábado, 16 de marzo de 2013

Que siempre quise contarle al mundo cual era mi sueño.



Y mi sueño es viajar. Volar alto, muy alto. Pisar todos los continentes, gran parte de los países, muchas ciudades. Ver lugares exóticos, grandes zonas urbanizadas. La ciudad que nunca duerme, pueblos, islas, regiones enteras. Esculturas, monumentos. Playas, calas, ríos. Animales en peligro de extinción. Luchar, gritar, sentir. Ver el mundo entero. Dar vueltas y más vueltas. Salir de Melbourne por la tarde de un día y llegar a Hawai el anterior. Pero también ver El Cairo, las pirámides de Egipto. Ver los lugares más injustos y marginados de la tierra, y los más populares. Ir a donde va todo el mundo e ir a donde no va nadie. Coger aviones, trenes. Ir en barco, sentir el agua debajo de ti. Bucear, surfear. Nadar. Dormir toda la noche y despertarte al día siguiente a cientos de kilómetros del lugar donde te dormiste. Soñar despierto en lo alto de los Pirineos, esquiar en los Alpes. Y, si tercia, algo de snowboard nunca estaría mal ¿no? Sólo para decir que lo has probado.
 Pienso en esas personas que son incapaces de separarse del lugar donde viven, y a veces las entiendo. Pero el lugar donde vives es tu casa y allí siempre te van a querer, siempre vas a tener un lugar, puedes volver cuando quieras. Y la famosa Morriña, me la dejas en casa. Que aquí lo importante es ver el mundo, soñar, y disfrutar de todo lo que tenemos fuera. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Explícaselo.

Ella suspiró y él la miró, con tristeza, con palabras en su mirada que ya no merecía la pena pronunciar, ya no quedaba nada por decir. Ninguno de los dos rompió el inestable silencio que se había creado. Los dos tenían miedo de decir algo, porque lo único que quedaba por decir era un adiós. Lo único que quedaba por expresar era una despedida. Una despedida definitiva, no sería solo un "adiós" sería un "hasta nunca" en toda regla. Las cosas no podían terminar sin un final y los dos deseaban que aquel no fuese el suyo, el de los dos, pero lo era. Intercambiaron una mirada suplicante. El deseo de encontrar algo que decir. El deseo de encontrar una solución. Ya no había nada. Ni entre ellos, ni entre aquellas cuatro paredes. Se acabó. Así. Ella tendría que volver a sus sábados por la mañana estudiando con un vaso de leche en una esquina de la mesa y él tendría que volver a descargar todo lo que le pasaba en los cigarrillos, entre litros de alcohol. Porque ya no queda nada. Porque cuando hay problemas, cuando el amor te da la espalda, la gente vuele a donde estaba antes, a donde estaba cuando aún no conocía el amor. Vuelven a la ignorancia, a los desahogos fortuitos, a las sonrisas simples y a los suspiros por mero cansancio. Después de la desilusión, la gente olvida cuando jadeaba de amor y no de extenuación. Finge que no recuerda el momento en el que no veía la cara de otras personas porque solo veía a una. Se deshacen de todo lo que se les recuerda al amor y se van a cama para recuperar el sueño que anteriormente gastaron amando.

viernes, 8 de marzo de 2013

La vida.

Un día te enamoras de alguien pero al siguiente ya no está allí. Alguien parece tan unido a ti y de repente se aburre.Los distanciamentos.La gente que pierdes. Y poco a poco, la vida pasa. La vida. Eso que pasa mientras te pierdes pensando qué hacer, hacia donde tirar. Coge la vida. Ahora. Cógela. Levántate. Agárrala y sonríe le. Dile que vas a luchar. Que lucharás por aprovecharla al máximo, y tienes que hacerlo. Por favor, hazlo. Lucha. Sal. Ríe. Grita,chilla. Sé feliz. Vive cada momento como si fuera el último porque podría serlo. También puedes recordar. Nunca está d más concederse esos momentos de nostalgia. Pasar por el colegio en el que estudiaste y mirar la orla que aún cuelga en la pared, y en la que estás tú. Hablar con algún antiguo compañero de instituto e incluso ver las fotos de alguno de esos viajes que recuerdas con cariño. Pero recuerda que por muchos recuerdos antiguos que haya nunca puedes permitirte almacenar solo eso. Necesitas más, muchos más. Continuar guardando recuerdos donde ya no caben más y apretarlos en tu mente, tenerlos todos. Vivir. Vive, por favor, vive.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Ella.

Ella se aburrió. Era algo que tenía por costumbre. Era algo que hacía con todo. Aburrirse. Necesitaba novedad, renovarse, cambiar. Organizaba su armario cada dos por tres y se compraba ropa nueva muy a menudo. Su habitación tenía más capas de pintura de las que ella podría enumerar. Un día quería estudiar y otro no. Otros días tenía una opinión determinada sobre una persona y otro día pensaba algo diferente. Pero era feliz. Y esa sensación de tener que renovarse a cada minuto la hacía todavía más feliz porque no le importaba nada. Le importaba ella. Le importaba recorrerse cada centímetro de la Tierra y en su pared colgaba un mapa con todos los destinos que quería visitar. Quería estudiar una carrera, quería hacer tantas cosas que no podría recordarlas todas en lo que él tardaba en fumarse un cigarrillo. Cambiaba de opinión de forma frecuente. Pero podría chillarlo a los cuatro vientos, podría gritarlo desde cualquiera de los lugares que quisiera ver. Era feliz. Era tan feliz que le dolía e iba a seguir siéndolo mucho tiempo.

Que amanezca no significa que deje de llover.

Ella lloraba entre sus sábanas mientras él se diluía entre abundantes litros de alcohol. Ni las lágrimas ni el alcohol fueron nunca motivo suficiente como para levantarse al día siguiente separados. Tal vez se querían de verdad. Tal vez ella se acostumbró a mirar el lado vacío de su cama con los ojos entrecerrados a las cinco de la mañana. Se acostumbró a desilusionarse porque él no estaba. Él nunca se acostumbró a su ausencia. Le faltaba ella y eso ya era motivo suficiente para que los días no empezasen y punto. Pero a veces el orgullo es un gran enemigo y no nos permite llegar a donde queremos. Porque él pasó por delante de su puerta mil veces. Pero nunca se atrevió a llamar. No se atrevía a dar el paso. A pedir perdón. Tenía miedo. Miedo a verla otra vez. A sentir en sus ojos el mensaje a medias que equivaldría a una frase completa. Miedo a escuchar un "ya no te quiero". Ella le tenía verdadero pánico a una sombra que aún no había visto. Tenía miedo a marcar su número y que no cogiese él. Tenía miedo de que cogiese otra "ella". Un tercero. Una persona a la que ella temía. Pero un día el destino hace de las suyas. Así, por azar. Ninguno de los dos se lo esperaba. Simplemente, sus miradas se cruzaron en un lugar especial para las dos, sin haberlo preparado.