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martes, 28 de mayo de 2013
~Tres momentos felices.
Enamorarse por primera vez, el primer beso, el primer viaje, los te quiero de tu madre y las felicitaciones de tu padre. Tu cumpleaños. Al final, si te preguntan tres momentos felices siempre respondes lo mismo. Nadie contesta otra cosa. Nadie piensa en las sonrisas entre clases, en los cigarrillos a escondidas o en las tardes jugando al yo nunca con zumo que luego pasó a ser otra cosa. Nadie se atreve a considerar ese mensaje inesperado o ese examen aprobado como los mejores momentos de su vida. Nadie se arriesga a decir que aquellos momentos jugando a cruzar el paso de peatones pisando solo las líneas blancas o la vez en que aquel niño le agarró la mano y no quiso soltarsela fueron momentos verdaderamente felices. Al final, todos somos lo mismo, proyectos de la sociedad que tenemos ahora. Al final, la pregunta "Di tus momentos más felices" es una pregunta de libro con respuestas de libro que nosotros contestamos de forma inmediata.
Recuerdos·
Recuerdos. Esas imágenes que cruzan por tu mente cuando estás en un lugar concreto, en un momento concreto, cuando escuchas una palabra precisa. Cuando te cruzas con alguien que en su momento lo fue todo y ahora lo miras y no te imaginas como pudo ser algo para ti. No entiendes como, ni cuando pasó, ni porque, pero todo cambió. Tú, la otra persona, los dos, vuestro alrededor. Y miras tu vida de ahora, la presente, y ha cambiado tanto respecto a la semana pasada, al mes pasado, al año pasado, que te entra vértigo. Esa especie de mareo momentáneo. Esa especie de desequilibrio. Como cuando miras al cielo en verano y ves tantas estrellas, cuando miras hacia abajo en un precipicio o cuando despega un avión. Esa especie de temor, de sorpresa, de confusión. Y sí, la palabra es confusión porque tu pareces el mismo. La misma. La misma persona que se cepillaba los dientes todas las mañanas y le sonreía al espejo. La misma persona que una y otra vez lloró. La misma persona que una y otra vez tiró la ropa de su armario o saltó sobre su cama. La misma persona que esperaba el verano con ansias y se jodía con los inviernos. La misma persona. La misma persona siempre. Y al final cada vez que haces algo es distinto. Todo es distinto, diferente. Cambias. Una y otra vez. Pero tu esencia sigue siendo la misma. Sigues siendo la misma persona, el mismo nombre, los mismos apellidos y la misma manera de sonreír al espejo todas las mañanas. Pero las cosas cambian y tú y tu forma de verlas acabáis cambiando con ellas. Siempre pensé que de ahí es de dónde viene el famoso carpe diem. El vive el momento. Porque si no lo vives, sabes que nunca volverá a repetirse. Nunca.
Por eso, carpe diem y no te pierdas nunca. No pierdas tu esencia. Recuerda quién eres.
sábado, 11 de mayo de 2013
Que nos volvamos a ver.
Y pensar que nos expulsaron del paraíso por no cumplir una norma que nos pareció estúpida. Nos arrebataron el paraíso y nos dejaron solos. Pero en realidad el paraíso seguía a tu lado. Simplemente te cegaron. El paraíso está a tu alrededor. Las sonrisas, los besos, los te quiero, los te amo. La amistad, las ganas de vivir, abrir la ventana y ver que hace sol, que te abracen. Abrazar. Querer. Sentir. Bailar hasta que te duela todo. Desobedecer, tropezar. Tropezar tú solo. Ver una y otra vez tu serie favorita, hasta memorizar sus guiones, como los de los simpsons. Escuchar esas canciones que tanto te gustan hasta cansarte y después de un tiempo escucharlas otra vez hasta volver a cansarte. Reencontrarte con alguien a quién creías perdido y dejar que el destino, que la vida haga de las suyas. Caer y levantarte otra vez. Y otra. Mentir, arrepentirte, llegar a ser. Conseguir tus sueños o cambiarlos por otros en el camino hacia ellos. Todas esas cosas y más que conforman el paraíso. No nos quitaron el paraíso. Sólo nos demostraron que podíamos llevarlo hasta dónde quisiéramos. Que el paraíso somos nosotros, que el paraíso ESTÁ en nosotros.
jueves, 11 de abril de 2013
Hoy,
Después de un crudo invierno... De levantarse por la mañana sin ver el sol, pasarse toda la tarde a oscuras y llegar por la noche entre tinieblas, hoy el sol ha salido. Ha llegado de verdad ese día de mediados de primavera en los que comienza a hacer un tiempo espléndido y sólo queda que todo vaya a mejor durante unas semanas para que aterrice el esperado verano. Poco a poco, las cosas han ido mejorando sin que tú te dieras cuenta y a partir de hoy, lo harán a pasos agigantados. Cada vez más rápidos y más fuertes. Recuerda, si en algún momento pierdes velocidad, es que estás cogiendo impulso para salir despedido. Nunca olvides que a veces, cuando parece que te has perdido de verdad, llegas al lugar en el que de verdad querías estar y encuentras algo que en realidad no buscabas.
Hoy, por fin, la luz ha acudido a ti y no volverá a dejarte solo. La felicidad acaba de llamar a tu puerta y le has abierto antes de que acabase de timbrar.
Hoy, por fin, la luz ha acudido a ti y no volverá a dejarte solo. La felicidad acaba de llamar a tu puerta y le has abierto antes de que acabase de timbrar.
lunes, 8 de abril de 2013
¿Qué querías?
Sé lo que querías. Querías tenerme ahí para lo que fuese y te aprovechaste de que te quería. Pero me da igual. Ahora he ganado yo. Tú venciste en miles de pequeñas partidas, pero yo he salido victoriosa de lo que popularmente llaman la guerra. Aún me cuesta caer en la cuenta de que he vencido. De que te pude en tu propio juego. Qué te deje solo. Y finges que estás bien pero sé que no estás bien. Porque alguna vez te miro y me asaltan los recuerdos. Pero los recuerdos ya no duelen. Soy inmune a ellos porque ahora los sentimientos hacia ti han desaparecido. Y me alegro mucho de que lo hayan hecho. Si no llegan a desaparecer solos, los hubiese echado yo. Y creeme, no iba a ser bonito, precisamente.
viernes, 29 de marzo de 2013
Verano.
Cierro los ojos y casi puedo sentirlo. Mi bikini favorito, de un hermoso tono rojo, acariciando mi piel y dejando una marca oscura sobre la hamaca azul, típica de los hoteles, en la que estoy tumbada. Siento los gritos de niños en la piscina, gente hablando, personas moviéndose a mi alrededor. Aprecio el tacto suave de la contraportada de un libro contra mis piernas. Sé, con los ojos cerrados todavía, que llevo un moño en lo alto de la cabeza recogiendo mi melena castaña y que mis gafas de sol de estilo aviador pero con el puente de la nariz más ancho de lo normal descansan sobre la parte superior de mi cabeza. Siento el sol incidiendo de lleno sobre mis piernas, donde no me protege la sombrilla que hay a mi lado, del mismo tono azul. Mis pantalones vaqueros y mi camiseta corta están colgados sobre el respaldo de mi tumbona. Tengo la certeza de que mi móvil y la llave de la habitación del hotel están en en la mesita blanca que hay a mi lado, junto a un bote de crema solar a medio acabar que compre en la tienda que hay en la playa, la playa que está a tres minutos caminando y que podría oír si no fuera por los constantes chillidos de niño pequeño que se oyen por allí y la continua charla de dos chicas detrás mía. Pero, cuando abro los ojos, la realidad es distinta. Estoy sentada en una silla normal. Con los brazos extendidos sobre la mesa. Miro instintivamente a mi derecha. Fuera llueve. Llevo una sencilla chaqueta de primavera y unos vaqueros. El calendario desgrana los últimos días de abril y son las 12 del mediodía, según el reloj que cuelga sobre la mesa en la que un aburrido profesor imparte su lección. Decidida, y con una sonrisa en el rostro, vuelvo a cerrar los ojos. Después de todo, soñar es gratis y el recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados.
domingo, 24 de marzo de 2013
---Ella.
Ella. Ella. Ojos grandes y marrones. De ese tono que siempre lo enamoró. De una estatura normal, sin destacar. Labios tal vez demasiado rojos incluso sin pintalabios. Su melena castaña siempre fue objeto de esas miradas de envidia que todos conocemos. Quería de verdad a poca gente. Pero cuando quería, quería al máximo, hasta que sus terminaciones nerviosas dejaran de sentir. No le gustaba el amor. Arrugaba la nariz ante semejantes temas y dejaba de hablar. No creer en el amor se había convertido en parte de su día a día. No merecía la pena. Ella sabía que los para siempre no existían. Lo tenía muy asumido. Sabía que no podía confiar ni en su propia sombra y que podían jugártela en el momento menos oportuno.Que las puñaladas por la espalda duelen y no poco. Odiaba a los chulitos con moto, y también a los que iban de buenos. Al fin y al cabo, ninguno de ellos quería más que un poco de diversión y una anécdota que contar luego a los gilipollas de sus amigos. Más o menos tan gilipollas como él. Vivía la vida al máximo. Al límite. Vivía el momento.No le interesaba lo que los demás pensaran de ella. Que dijeran lo que quisieran. Tenía claro que los perdería de vista en algún momento, que las cosas pasan. Como las oportunidades. Por eso, poco a poco, cogió el ritmo de la vida y tranquilamente, bailó con él. Por que la felicidad en estado puro existe cuando de verdad crees que la sientes.
martes, 19 de marzo de 2013
Aprender. Pero aprender de verdad.
Cuando eres pequeño te enseñan a hablar, a caminar. Te enseñan los colores, los primeros números. Vas creciendo y aprendes algo más. Las letras. Luego a leer. A escribir. Los números decimales. Dividir, la proporcionalidad. Ciencias, letras.
Llegas a un punto en el que te encuentras estudiando la estructura sintáctica de las oraciones y toda la tabla periódica, pero no sabes pensar. Que sabes las declinaciones del latín y todo lo referente al ácido acetilsalicílico, pero no sabes lo que es la vida. Pero ella misma hace de profesora particular. Te da las lecciones. Poco a poco o todas de golpe. La decisión es suya. Y más te vale aprender de que va el tema a la primera, porque te lo repetirá las veces que haga falta. Puede que precises la segunda, pero más no. No tropieces una tercera vez con la misma piedra. No confíes en nadie de buenas a primeras. Es más, nunca confíes en nadie.Sólo si lo quieres de forma incondicional. Porque querer a alguien no es más que darle el poder de destruirte, a sabiendas de que no lo hará. Pero las cosas cambian, y nuestra forma de verlas también. Por eso, deja que la vida se encargue de ti. Toma tus propias decisiones, sé libre, sé honesto, sé amable. Sé inteligente. Piensa. Cuando tengas que tomar una decisión, medita. Las buenas decisiones suelen tener unas consecuencias negativas inmediatas pero que a la larga fructifican y se convierten en cosas positivas. Las malas decisiones, al revés. Piensa. Deja que la vida te guíe. Porque lo hará. Por eso, cierra los ojos y lleva el ritmo de la vida en silencio. Sabes cuales van a ser tus decisiones ¿Qué se ríen de ti? Mañana te reirás de ellos. ¿Qué van contra ti? ¿Y qué? Mañana podrás atacarles. ¿Qué se creen más que tú? Algún día tú serás más que ellos. Sal ahí y vive. En el momento de tu muerte has de darte cuenta de que llevas toda una vida viviendo.
Llegas a un punto en el que te encuentras estudiando la estructura sintáctica de las oraciones y toda la tabla periódica, pero no sabes pensar. Que sabes las declinaciones del latín y todo lo referente al ácido acetilsalicílico, pero no sabes lo que es la vida. Pero ella misma hace de profesora particular. Te da las lecciones. Poco a poco o todas de golpe. La decisión es suya. Y más te vale aprender de que va el tema a la primera, porque te lo repetirá las veces que haga falta. Puede que precises la segunda, pero más no. No tropieces una tercera vez con la misma piedra. No confíes en nadie de buenas a primeras. Es más, nunca confíes en nadie.
sábado, 16 de marzo de 2013
Que siempre quise contarle al mundo cual era mi sueño.
Y mi sueño es viajar. Volar alto, muy alto. Pisar todos los continentes, gran parte de los países, muchas ciudades. Ver lugares exóticos, grandes zonas urbanizadas. La ciudad que nunca duerme, pueblos, islas, regiones enteras. Esculturas, monumentos. Playas, calas, ríos. Animales en peligro de extinción. Luchar, gritar, sentir. Ver el mundo entero. Dar vueltas y más vueltas. Salir de Melbourne por la tarde de un día y llegar a Hawai el anterior. Pero también ver El Cairo, las pirámides de Egipto. Ver los lugares más injustos y marginados de la tierra, y los más populares. Ir a donde va todo el mundo e ir a donde no va nadie. Coger aviones, trenes. Ir en barco, sentir el agua debajo de ti. Bucear, surfear. Nadar. Dormir toda la noche y despertarte al día siguiente a cientos de kilómetros del lugar donde te dormiste. Soñar despierto en lo alto de los Pirineos, esquiar en los Alpes. Y, si tercia, algo de snowboard nunca estaría mal ¿no? Sólo para decir que lo has probado.
Pienso en esas personas que son incapaces de separarse del lugar donde viven, y a veces las entiendo. Pero el lugar donde vives es tu casa y allí siempre te van a querer, siempre vas a tener un lugar, puedes volver cuando quieras. Y la famosa Morriña, me la dejas en casa. Que aquí lo importante es ver el mundo, soñar, y disfrutar de todo lo que tenemos fuera.
sábado, 9 de marzo de 2013
Explícaselo.
Ella suspiró y él la miró, con tristeza, con palabras en su mirada que ya no merecía la pena pronunciar, ya no quedaba nada por decir. Ninguno de los dos rompió el inestable silencio que se había creado. Los dos tenían miedo de decir algo, porque lo único que quedaba por decir era un adiós. Lo único que quedaba por expresar era una despedida. Una despedida definitiva, no sería solo un "adiós" sería un "hasta nunca" en toda regla. Las cosas no podían terminar sin un final y los dos deseaban que aquel no fuese el suyo, el de los dos, pero lo era. Intercambiaron una mirada suplicante. El deseo de encontrar algo que decir. El deseo de encontrar una solución. Ya no había nada. Ni entre ellos, ni entre aquellas cuatro paredes. Se acabó. Así. Ella tendría que volver a sus sábados por la mañana estudiando con un vaso de leche en una esquina de la mesa y él tendría que volver a descargar todo lo que le pasaba en los cigarrillos, entre litros de alcohol. Porque ya no queda nada. Porque cuando hay problemas, cuando el amor te da la espalda, la gente vuele a donde estaba antes, a donde estaba cuando aún no conocía el amor. Vuelven a la ignorancia, a los desahogos fortuitos, a las sonrisas simples y a los suspiros por mero cansancio. Después de la desilusión, la gente olvida cuando jadeaba de amor y no de extenuación. Finge que no recuerda el momento en el que no veía la cara de otras personas porque solo veía a una. Se deshacen de todo lo que se les recuerda al amor y se van a cama para recuperar el sueño que anteriormente gastaron amando.
viernes, 8 de marzo de 2013
La vida.
Un día te enamoras de alguien pero al siguiente ya no está allí. Alguien parece tan unido a ti y de repente se aburre.Los distanciamentos.La gente que pierdes. Y poco a poco, la vida pasa. La vida. Eso que pasa mientras te pierdes pensando qué hacer, hacia donde tirar. Coge la vida. Ahora. Cógela. Levántate. Agárrala y sonríe le. Dile que vas a luchar. Que lucharás por aprovecharla al máximo, y tienes que hacerlo. Por favor, hazlo. Lucha. Sal. Ríe. Grita,chilla. Sé feliz. Vive cada momento como si fuera el último porque podría serlo. También puedes recordar. Nunca está d más concederse esos momentos de nostalgia. Pasar por el colegio en el que estudiaste y mirar la orla que aún cuelga en la pared, y en la que estás tú. Hablar con algún antiguo compañero de instituto e incluso ver las fotos de alguno de esos viajes que recuerdas con cariño. Pero recuerda que por muchos recuerdos antiguos que haya nunca puedes permitirte almacenar solo eso. Necesitas más, muchos más. Continuar guardando recuerdos donde ya no caben más y apretarlos en tu mente, tenerlos todos. Vivir. Vive, por favor, vive.
miércoles, 6 de marzo de 2013
Ella.
Ella se aburrió. Era algo que tenía por costumbre. Era algo que hacía con todo. Aburrirse. Necesitaba novedad, renovarse, cambiar. Organizaba su armario cada dos por tres y se compraba ropa nueva muy a menudo. Su habitación tenía más capas de pintura de las que ella podría enumerar. Un día quería estudiar y otro no. Otros días tenía una opinión determinada sobre una persona y otro día pensaba algo diferente. Pero era feliz. Y esa sensación de tener que renovarse a cada minuto la hacía todavía más feliz porque no le importaba nada. Le importaba ella. Le importaba recorrerse cada centímetro de la Tierra y en su pared colgaba un mapa con todos los destinos que quería visitar. Quería estudiar una carrera, quería hacer tantas cosas que no podría recordarlas todas en lo que él tardaba en fumarse un cigarrillo. Cambiaba de opinión de forma frecuente. Pero podría chillarlo a los cuatro vientos, podría gritarlo desde cualquiera de los lugares que quisiera ver. Era feliz. Era tan feliz que le dolía e iba a seguir siéndolo mucho tiempo.
Que amanezca no significa que deje de llover.
Ella lloraba entre sus sábanas mientras él se diluía entre abundantes litros de alcohol. Ni las lágrimas ni el alcohol fueron nunca motivo suficiente como para levantarse al día siguiente separados. Tal vez se querían de verdad. Tal vez ella se acostumbró a mirar el lado vacío de su cama con los ojos entrecerrados a las cinco de la mañana. Se acostumbró a desilusionarse porque él no estaba. Él nunca se acostumbró a su ausencia. Le faltaba ella y eso ya era motivo suficiente para que los días no empezasen y punto. Pero a veces el orgullo es un gran enemigo y no nos permite llegar a donde queremos. Porque él pasó por delante de su puerta mil veces. Pero nunca se atrevió a llamar. No se atrevía a dar el paso. A pedir perdón. Tenía miedo. Miedo a verla otra vez. A sentir en sus ojos el mensaje a medias que equivaldría a una frase completa. Miedo a escuchar un "ya no te quiero". Ella le tenía verdadero pánico a una sombra que aún no había visto. Tenía miedo a marcar su número y que no cogiese él. Tenía miedo de que cogiese otra "ella". Un tercero. Una persona a la que ella temía. Pero un día el destino hace de las suyas. Así, por azar. Ninguno de los dos se lo esperaba. Simplemente, sus miradas se cruzaron en un lugar especial para las dos, sin haberlo preparado.
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