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domingo, 24 de marzo de 2013

---Ella.

Ella. Ella. Ojos grandes y marrones. De ese tono que siempre lo enamoró. De una estatura normal, sin destacar. Labios tal vez demasiado rojos incluso sin pintalabios. Su melena castaña siempre fue objeto de esas miradas de envidia que todos conocemos. Quería de verdad a poca gente. Pero cuando quería, quería al máximo, hasta que sus terminaciones nerviosas dejaran de sentir. No le gustaba el amor. Arrugaba la nariz ante semejantes temas y dejaba de hablar. No creer en el amor se había convertido en parte de su día a día. No merecía la pena. Ella sabía que los para siempre no existían. Lo tenía muy asumido. Sabía que no podía confiar ni en su propia sombra y que podían jugártela en el momento menos oportuno.Que las puñaladas por la espalda duelen y no poco. Odiaba a los chulitos con moto, y también a los que iban de buenos. Al fin y al cabo, ninguno de ellos quería más que un poco de diversión y una anécdota que contar luego a los gilipollas de sus amigos. Más o menos tan gilipollas como él. Vivía la vida al máximo. Al límite. Vivía el momento.No le interesaba lo que los demás pensaran de ella. Que dijeran lo que quisieran. Tenía claro que los perdería de vista en algún momento, que las cosas pasan. Como las oportunidades. Por eso, poco a poco, cogió el ritmo de la vida y tranquilamente, bailó con él. Por que la felicidad en estado puro existe cuando de verdad crees que la sientes.

2 comentarios:

  1. ¡Pero que cosa más bonita! Precioso, en realidas todos los adjetivos se quedan cortos para descibirlo.
    Besos!!
    http://losviajespornaralon.blogspot.com.es/?m=1

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    1. Muchisimas gracias guapisima! Espero que continues leyendo el blog!
      Ya te sigo, jajajaj me encanta lo que escribes:3 Un beso!

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